filosofía griega

Votos duros, blandos, posibles e imposibles…

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Heráclito y Parménides, mis viejos amigos de la filosofía griega pre-socrática.

¿Recuerdas?
Mi tendencia general siempre fue más bien heracliteana: nunca nos bañamos 2 veces en el mismo río porque cambia el río y cambiamos nosotros. Todo cambia, fluye, se transforma.
Pero…
Pero hay una frase de Parménides tan simple y certera que siempre me dejó sin aliento:
“Lo que es…es. Y lo que no es…no es.”

En política suele ocurrir que muchos creen que en cualquier momento lo que no es puede llegar a ser. Optimismo desmesurado, exceso de confianza, narcisismo desbocado…no sé.
Entonces muchos creen que todo ciudadano del país puede llegar a votarlo.
Pero no.
Nones.
Nada de eso.

En realidad hay, siempre, 4 categorías de votantes. Solo cuatro. Four. 4. Siempre.
Son los siguientes:

  1. Duros. Siempre te van a votar. Estuvieron, están y estarán contigo. Digas lo que digas. Hagas lo que hagas. Pase lo que pase. Te van a votar. Seguros. Firmes. Inamovibles.
  2. Blandos. Están pensando en votarte. Coinciden en muchas cosas contigo. Están muy cerca y decididos primariamente a votarte. Pero no son impermeables a los hechos ni a las palabras ni a las imágenes. Y pueden dudar y hasta llegar a cambiar de opinión.
  3. Posibles. Están pensando en votar a otro candidato. Pero no están absolutamente convencidos. Y tu candidatura les despierta cierta simpatía.
  4. Imposibles. Jamás te votarán. Pase lo que pase, hagas lo que hagas, digas lo que digas. Nunca estarán contigo. Te rechazan casi visceralmente.

Por eso mi recuerdo de la frase de Parménides:
“Lo que es…es. Y lo que no es…no es.”

¿Qué debes hacer en una campaña electoral?

  • Olvidarte de los votos imposibles. No gastar recursos en algo que no dará resultado.
  • Consolidar los votos duros y convertirlos en tus ‘agentes evangelizadores’, haciendo que lleven tu mensaje a todos los demás ciudadanos.
  • Fortalecer los votos blandos para convertirlos en duros.
  • Atraer los votos posibles para convertirlos en blandos.

¡Ah Parménides! Viejo sabio…