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Cuando los opositores se radicalizan el gobierno suele beneficiarse

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Algunos políticos opositores creen que cuánto más radicales sean sus posiciones políticas tanto más daño le harán al gobierno.

Pero no es así.
Y a veces sucede exactamente lo contrario y el que sale beneficiado es el gobierno.

No me refiero a las luchas contra dictaduras ni a las guerras civiles. Me refiero a situaciones democráticas comunes, en países donde la lucha política se despliega dentro de la legalidad institucional.

Dentro de esa legalidad, algunos opositores maximalizan sus posiciones. O sea:

  1. Cuestionan al gobierno en todos los terrenos, en todos los temas, cuestionando todas y cada una de sus acciones, criticando todas y cada una de sus palabras, repudiando a todos y cada uno de sus miembros.
  2. Elevan al máximo la tensión política de cada día con acusaciones cada vez más duras, con conceptos cada vez más duros y con lenguaje cada vez más agresivo.
  3. Acompañan el proceso con una gestualidad despectiva y llena de enojo, y también con un uso agresivo de la voz tanto en tono como en volumen.

¿Por qué ese maximalismo radical beneficia al gobierno?
Porque estrecha el mercado opositor, lo hace más chiquito.

Al radicalizarse de este modo la oposición solo convoca a quienes piensan, sienten y actúan exactamente igual. O sea que se condena a sí misma a un círculo estrecho, un círculo de iguales, un grupo reducido.
Y la oposición pone así una barrera respecto a un amplio sector del público.
Sector que seguramente:

  1. Cuestiona al gobierno en algunos temas y terrenos importantes, pero no en otros. Cuestiona a algunos de sus miembros pero no a todos. Cuestiona algunas decisiones y declaraciones, pero no todas.
  2. No soporta vivir en constante tensión política y aunque esté en desacuerdo con el gobierno no adhiere a políticos crispados y enojados.
  3. Puede estar en contra de muchas cosas sin llegar a estar enojado ni indignado.

El maximalismo radical de la oposición suele empujar a ese segmento de la sociedad hacia el campo del gobierno, aún con diferencias y discrepancias.
Es más: le ‘regala’ ese público al gobierno. Y ese público termina definiendo una elección.

¿Cual debería ser la regla de oro para la oposición?
Un programa, un estilo, un tono, una acción y un lenguaje que sean incluyentes, abarcativos de todos los descontentos y no solo de los más radicalizados.

En suma: en política, de lo que se trata es de aislar al adversario.
Y lo que hay que evitar es aislarse uno mismo.

No importa el país. No importa quién está en el gobierno y quién en la oposición. Esa es la regla de oro.
Porque si un ciudadano mira y escucha a un político opositor muy radicalizado…entonces piensa:
‘Si para estar en contra del gobierno tengo que estar tan enojado como tú y tengo que pensar exactamente igual en todos los temas…pues no sé lo que haré pero contigo no estaré.’

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